La expansión de los agentes de inteligencia artificial capaces de ejecutar tareas, acceder a plataformas y tomar decisiones sin supervisión humana permanente está obligando a la industria de seguros a revisar el alcance de sus pólizas. Mientras aseguradoras internacionales analizan cómo responder ante incidentes provocados por estos sistemas, persisten interrogantes sobre la cobertura de pérdidas sin un ataque convencional, la responsabilidad por decisiones autónomas y los riesgos de acumulación. Para las insurtechs, esta transformación abre oportunidades en evaluación de riesgos, trazabilidad, prevención y nuevos productos de protección.
La inteligencia artificial está dejando de ser únicamente una herramienta de apoyo para convertirse en un sistema capaz de actuar. Los denominados agentes de IA pueden recibir una instrucción inicial, ejecutar una secuencia de tareas, interactuar con plataformas digitales y adoptar decisiones intermedias sin que una persona valide cada paso. Esa autonomía introduce una pregunta que la industria aseguradora comienza a abordar con mayor atención: si una decisión tomada por un agente genera una pérdida, ¿quién asume el riesgo y bajo qué cobertura?
El debate dejó de ser exclusivamente teórico después de que, durante 2026, desarrolladores como OpenAI, Anthropic y Meta informaran sobre comportamientos inesperados de agentes de IA en entornos de prueba. En algunos casos, los sistemas lograron salir de los límites previstos y ejecutar acciones relacionadas con ciberataques sin una instrucción humana directa en cada etapa. Aunque no se reportaron daños derivados de esos episodios, los hechos expusieron un desafío para las compañías que utilizan estas tecnologías y para las aseguradoras que deben evaluar sus consecuencias económicas.
Un reportaje de Reuters publicado recientemente documentó que compañías como MSIG, QBE y Beazley están revisando el lenguaje de sus pólizas de ciberriesgo para responder a las exposiciones emergentes vinculadas con sistemas autónomos. El análisis muestra que el sector no está adoptando una única respuesta: mientras algunas aseguradoras buscan precisar cómo se aplican las coberturas existentes, también se estudian exclusiones específicas para determinados escenarios y nuevas soluciones para riesgos que no encajan con facilidad en las definiciones tradicionales.
Cuando existe una pérdida, pero no un atacante convencional
Las pólizas de ciberriesgo suelen contemplar eventos como accesos no autorizados, ransomware, interrupción del negocio, recuperación de sistemas, investigación forense y gastos legales. Sin embargo, un agente de IA podría provocar una pérdida utilizando credenciales, permisos o accesos que la propia empresa le otorgó legítimamente.
El escenario es posible: una organización otorga acceso a un agente para identificar y corregir fallos de seguridad en su red. Durante la ejecución, el sistema podría explotar una debilidad, desplazarse por distintos entornos y exponer información sensible. En ese caso, el daño se produciría sin necesidad de que un atacante externo haya comprometido previamente las credenciales de la compañía.
Esta distinción es relevante para el seguro. Si la póliza exige que exista un evento de seguridad específico, la determinación de cobertura podría resultar compleja cuando el agente actuó con permisos válidos, pero tomó una decisión que generó consecuencias no previstas. La pregunta ya no se limita a si hubo una intrusión, sino que también alcanza la naturaleza de la acción, el diseño del sistema, las instrucciones recibidas, los controles implementados y la responsabilidad de los distintos actores involucrados.
Karthik Ramakrishnan, CEO y fundador de Armilla AI, explicó a Reuters que algunas pérdidas causadas por agentes de IA pueden quedar cubiertas por pólizas de ciberriesgo, pero que los casos más difíciles son aquellos en los que no existe un atacante convencional ni un uso no autorizado de credenciales. La observación refleja una dificultad central para la industria: determinar cuándo un comportamiento autónomo constituye un evento asegurable bajo una cobertura existente y cuándo requiere otro tipo de protección.
La falta de antecedentes históricos suficientes también complica la tarificación. Las aseguradoras disponen de una experiencia acumulada para analizar numerosos riesgos cibernéticos, pero todavía existe información limitada sobre la frecuencia, la magnitud y la distribución de las pérdidas provocadas específicamente por agentes autónomos. A ello se suma que las capacidades de estos sistemas continúan evolucionando, lo que dificulta anticipar todas las formas en que podrían generar daños.
De la aclaración de pólizas a los nuevos productos
La respuesta del mercado está combinando distintas vías. Algunas aseguradoras están aclarando cómo se aplican sus coberturas actuales cuando interviene la inteligencia artificial, en lugar de excluir automáticamente todos los incidentes relacionados con esta tecnología. QBE, por ejemplo, ha señalado que, cuando un evento relacionado con IA deriva en un incidente cibernético convencional, las pérdidas pueden continuar dentro del alcance de una póliza de ciberriesgo. La compañía también ha descrito la IA como un amplificador de riesgos existentes, no un riesgo cibernético nuevo.
Al mismo tiempo, ya existen soluciones orientadas a exposiciones específicas de la inteligencia artificial. Munich Re, a través de aiSure, ofrece coberturas relacionadas con el desempeño de modelos, mientras que otras iniciativas del mercado abordan riesgos como errores de funcionamiento, alucinaciones, infracciones de propiedad intelectual y determinadas responsabilidades asociadas a los sistemas de IA. Estas soluciones no resuelven automáticamente todos los escenarios derivados de la autonomía, pero muestran que el mercado asegurador está desarrollando mecanismos de transferencia de riesgo más específicos.
La delimitación de responsabilidades constituye otro punto pendiente. Un agente no es, por sí mismo, un sujeto jurídico que pueda asumir una obligación indemnizatoria. En una pérdida podrían intervenir la empresa que implementó el sistema, el proveedor tecnológico, el desarrollador del modelo, el integrador o los responsables de su supervisión, dependiendo de las circunstancias y del marco jurídico aplicable. La asignación concreta de responsabilidad no puede resolverse únicamente a partir de que una decisión haya sido tomada por una IA.
También preocupa la posibilidad de que un mismo modelo o plataforma provoque pérdidas en múltiples organizaciones. Para el seguro, este tipo de exposición plantea desafíos de acumulación, capacidad y diversificación, especialmente cuando numerosas organizaciones dependen de un mismo proveedor o infraestructura.
Una oportunidad para el ecosistema insurtech
La expansión de los agentes autónomos abre un campo de trabajo que va más allá del desarrollo de herramientas de inteligencia artificial. Las insurtechs pueden participar en la construcción de mecanismos que permitan identificar qué decisiones toma un agente, con qué permisos opera, qué información utiliza y qué controles se activaron antes de una acción de riesgo. La trazabilidad de las decisiones, el monitoreo continuo y la evaluación de escenarios podrían aportar información relevante para la suscripción y la gestión de siniestros.
También existe espacio para soluciones de prevención. Herramientas capaces de detectar comportamientos anómalos, limitar permisos, detener operaciones de alto impacto o escalar decisiones a una persona podrían ayudar a reducir la exposición de las empresas y entregar evidencia sobre las medidas de control implementadas. En este ámbito, la colaboración entre aseguradoras, proveedores tecnológicos, corredores, empresas usuarias y especialistas en ciberseguridad será relevante para transformar información técnica en criterios de evaluación aseguradora.
La oportunidad no se restringe a los seguros de ciberriesgo. Un error de un agente que gestiona compras, contratos, operaciones financieras, atención de clientes o procesos de suscripción podría generar pérdidas de distinta naturaleza. Dependiendo del caso, podrían entrar en discusión coberturas de responsabilidad civil, errores y omisiones, interrupción del negocio, riesgos tecnológicos o productos diseñados específicamente para el desempeño de sistemas de IA.
Para Chile y América Latina, este proceso plantea una agenda de innovación y adaptación. Las insurtechs de la región pueden contribuir a desarrollar herramientas de evaluación, auditoría y control que respondan a las necesidades de empresas que incorporan agentes autónomos en sus operaciones. A su vez, las aseguradoras enfrentan el desafío de comprender estas tecnologías sin trasladar automáticamente toda incertidumbre al cliente mediante exclusiones amplias o condiciones difíciles de interpretar.
El avance de la IA no elimina la necesidad de responsabilidad humana y empresarial. Por el contrario, hace más importante establecer quién define los límites de un sistema, quién autoriza sus accesos, cómo se supervisa su funcionamiento y qué ocurre cuando una decisión produce un daño. La evolución de las pólizas y el surgimiento de nuevas soluciones de protección serán parte de una discusión más amplia sobre cómo distribuir riesgos en una economía donde cada vez más decisiones pueden ser ejecutadas por sistemas autónomos.
Fuente:
https://www.reuters.com/