Un nuevo estudio elaborado por MAPFRE Economics analiza los factores estructurales que explican los niveles de penetración del seguro a nivel global y propone líneas de acción para reducir la brecha de protección.
La industria aseguradora atraviesa una etapa decisiva. El aumento de riesgos complejos y la transformación de las economías están redefiniendo su rol, no solo como mecanismo de protección, sino también como actor clave para la estabilidad financiera, el ahorro de largo plazo y la inversión productiva. Así lo plantea el informe “Tendencias y elementos para el desarrollo de los mercados aseguradores”, que examina cómo fortalecer el aporte del seguro al desarrollo económico y social.
Uno de los ejes centrales del análisis es el marco regulatorio. El informe subraya la necesidad de avanzar hacia esquemas basados en riesgos, que ajustan los requerimientos de capital y supervisión al perfil real de cada aseguradora. Modelos como Solvencia II, aplicados en la Unión Europea, han demostrado que este enfoque fortalece la gestión de riesgos, optimiza el uso del capital y eleva los estándares de transparencia y gobierno corporativo, reforzando la confianza en el sistema asegurador.
Para medir el avance de los países en esta materia, el informe utiliza el Índice de Proximidad a una Regulación Basada en Riesgos (I-RBR), que permite comparar cuán alineados están los marcos regulatorios nacionales con los principios de la supervisión prudencial moderna. Los resultados muestran mayores niveles de avance en los mercados desarrollados, junto con progresos relevantes en economías emergentes como México y Brasil, aunque se subraya la necesidad de transiciones graduales y acompañadas de capacidades técnicas adecuadas.
En ese contexto, el caso de Chile se vincula con un proceso aún en desarrollo. Actualmente se encuentra en tramitación un proyecto de ley que busca establecer un sistema de supervisión basada en riesgo para la industria aseguradora —conocido como el Proyecto de Ley de Supervisión Basada en Riesgo (Boletín N° 7958-05)—, iniciativa que lleva más de una década en discusión legislativa y que apunta a modernizar el marco prudencial mediante requerimientos de capital ajustados al perfil de riesgo de las compañías.
El acceso al mercado y al capital aparece como otro factor determinante. En mercados más avanzados, la aplicación de criterios de proporcionalidad en los requisitos de capital ha favorecido modelos de negocio más especializados y competitivos. En contraste, exigencias rígidas y elevadas en mercados pequeños pueden limitar la competencia y encarecer los productos para los asegurados.
En materia de distribución, la diversificación de canales resulta clave para ampliar la penetración del seguro. En América Latina, la bancaseguros concentra cerca de la mitad de la distribución total, mientras que los agentes mantienen un rol relevante en varias subregiones. Aunque los canales digitales aún tienen un peso limitado —con excepciones como Chile y Brasil—, el informe destaca que los esquemas de multicanalidad, especialmente cuando incorporan soluciones digitales, se asocian a mayores niveles de cobertura y eficiencia operativa.
Cerrar la brecha de protección: el desafío pendiente
Más allá de los avances en regulación y distribución, el informe advierte que uno de los principales desafíos del sector asegurador sigue siendo la brecha de protección. De acuerdo con datos de MAPFRE Economics, en la última década América Latina y el Caribe registraron una brecha de protección del 81%, lo que evidencia que solo una parte menor de las pérdidas económicas derivadas de eventos adversos cuenta con cobertura aseguradora. Esta brecha no solo refleja un problema de oferta, sino también limitaciones estructurales en el acceso, la demanda y la comprensión del valor del seguro.
Además, el estudio plantea que cerrar esta brecha requiere un enfoque integral, que combine mayor eficiencia operativa, ampliación de la cobertura y políticas orientadas a la inclusión. La reducción de costos, el diseño de productos más simples y la mejora en los canales de distribución aparecen como elementos clave para hacer que el seguro sea más accesible y pertinente para distintos segmentos de la población.
La educación financiera ocupa un lugar central dentro de este desafío. El informe señala que, a nivel global, solo uno de cada tres adultos alcanza niveles mínimos de alfabetización financiera, lo que limita la comprensión del rol del seguro como herramienta de protección y planificación. Esta brecha de conocimiento incide directamente en la baja contratación de seguros y en la desconfianza hacia estos productos. En este escenario, las políticas públicas pueden desempeñar un rol catalizador, incorporando al seguro como instrumento para avanzar en objetivos sociales más amplios, especialmente a través de seguros obligatorios y productos complementarios en ámbitos como salud y pensiones.
La digitalización se consolida, además, como un habilitador transversal para enfrentar estos desafíos. El uso de tecnologías como Big Data, Inteligencia Artificial e Internet de las Cosas permite mejorar la evaluación de riesgos, optimizar procesos y reducir costos de distribución. Al mismo tiempo, la expansión de plataformas digitales y aplicaciones móviles ha facilitado el acceso a productos estandarizados y mejorado la experiencia del usuario. Con un 86% de los adultos a nivel global con acceso a un teléfono móvil, el informe destaca que los modelos digitales e insurtech abren oportunidades concretas para avanzar en inclusión financiera, particularmente en economías emergentes.
Aunque el análisis tiene un alcance global, sus conclusiones resultan especialmente pertinentes para Chile, uno de los mercados aseguradores más desarrollados de América Latina. La experiencia local muestra cómo la combinación de marcos regulatorios sólidos, alta institucionalidad y la integración del seguro en políticas públicas ha permitido avanzar en penetración y sofisticación del sector. Los desafíos identificados por el informe —modernización regulatoria, fortalecimiento de la educación financiera e impulso a la innovación digital— aparecen como ejes estratégicos para seguir ampliando la cobertura y consolidar el rol del seguro como pilar del desarrollo económico y social del país.
Fuente: https://www.fundacionmapfre.org/