Chile ya tiene su primer banco 100% digital. En enero de 2026, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) autorizó a Tenpo a operar como banco, consolidándolo como el primer neobanco del país bajo licencia bancaria plena. El hecho no solo representa un hito para la industria financiera, sino que instala una pregunta relevante para el ecosistema insurtech: ¿cuándo veremos una neoaseguradora con licencia propia en Chile?
Con la aprobación definitiva de la CMF, Tenpo Bank podrá operar bajo las mismas condiciones regulatorias que cualquier banco tradicional del país. En Chile no existe una licencia bancaria diferenciada para bancos digitales: todos deben cumplir con la Ley General de Bancos, incluyendo exigencias de capital, gobierno corporativo, gestión de riesgos, cumplimiento normativo y supervisión permanente.
El proceso no fue inmediato. Tenpo inició su solicitud en enero de 2024, obtuvo autorización provisional en octubre del mismo año y recibió la autorización de existencia en febrero de 2025. Ahora, con la autorización de funcionamiento, entra en la fase final para iniciar operaciones, lo que —según la Ley General de Bancos— debe ocurrir dentro del plazo máximo de un año.
Para convertirse en banco, la entidad debió cumplir con las mismas exigencias de capital, solvencia y gobierno corporativo que cualquier banco tradicional, bajo estándares prudenciales como Basilea III. Es decir, el carácter digital del modelo no implicó un marco regulatorio distinto
Este punto es clave: aunque Tenpo nació como fintech en 2020 y logró captar más de 2,5 millones de clientes en cinco años, para transformarse en banco debió constituirse como entidad bancaria tradicional en términos regulatorios. La innovación tecnológica puede optimizar procesos y experiencia de usuario, pero no sustituye las exigencias estructurales del sistema financiero.
En Chile, para constituir una compañía de seguros —sea de vida o generales— la normativa exige un patrimonio mínimo inicial de 90.000 UF, de acuerdo con lo establecido por la Comisión para el Mercado Financiero. A este requisito se suman exigencias adicionales de patrimonio de riesgo, constitución de reservas técnicas, margen de solvencia, políticas de reaseguro y un régimen de supervisión continua por parte del regulador. En otras palabras, operar con licencia propia implica asumir directamente el riesgo asegurado bajo estándares prudenciales permanentes.
La diferencia en magnitud respecto de la banca se explica por el tipo de riesgos que cada industria asume y por el rol que cumplen en el sistema financiero. Los bancos administran depósitos del público y operan el sistema de pagos, por lo que están sujetos a exigencias de capital y solvencia más altas, alineadas con estándares internacionales como Basilea III. Las compañías de seguros, en cambio, gestionan riesgos asociados a la suscripción de pólizas y constituyen reservas técnicas para responder a siniestros futuros. Aunque los riesgos son distintos, la lógica regulatoria es la misma: no existe una “licencia digital” con requisitos más livianos.
En Chile existen insurtechs que participan en la distribución de seguros, en el desarrollo tecnológico o en la experiencia digital del cliente. Sin embargo, hasta ahora no se ha constituido una compañía de seguros que opere exclusivamente como neoaseguradora bajo licencia propia y que sea responsable directa del pago de los siniestros, bajo los mismos estándares regulatorios que una compañía tradicional. La mayoría de los modelos actuales operan como corredores, distribuidores o proveedores tecnológicos sobre estructuras aseguradoras ya existentes.
Casos internacionales muestran caminos distintos. En Europa y Estados Unidos han surgido neoaseguradoras que operan con licencia propia —como Lemonade— mientras otras funcionan con respaldo de reaseguradores o bajo modelos híbridos. En América Latina existen modelos digitales como Olé Life, que distribuyen seguros de vida a través de entidades aseguradoras reguladas en otras jurisdicciones. No se constituyen necesariamente como compañías de seguros locales en cada país donde operan, sino que combinan una estructura aseguradora formal con canales digitales de comercialización.
Con el marco normativo vigente, el desafío pasa ahora por evaluar si existen las condiciones de capital, escala y modelo de negocio para que una aseguradora 100% digital opere bajo licencia propia. La pregunta no es regulatoria, porque las reglas ya están definidas, sino estratégica y financiera.
El avance de Tenpo demuestra que un actor digital puede transformarse en institución financiera plena si cumple las exigencias regulatorias tradicionales. En ese sentido, el concepto “neo” no elimina el marco prudencial: lo digitaliza y lo redefine desde la experiencia del cliente, pero mantiene intactos los estándares de solvencia y supervisión.
A diferencia del modelo bancario digital, donde actores como Tenpo pudieron escalar primero como emisores de pago regulados antes de transformarse en banco, en el mercado asegurador chileno la mayoría de las insurtechs operan actualmente como corredores o distribuidores bajo licencias ya existentes. Para convertirse en aseguradora —y dar el paso hacia una neoaseguradora con licencia propia— se requiere constituirse como compañía de seguros supervisada por la CMF y cumplir íntegramente con las exigencias de capital, reservas técnicas y solvencia establecidas en la normativa. Esto implica asumir directamente el riesgo asegurado, bajo los estándares prudenciales que rigen a toda entidad aseguradora en el país.
El hito de Tenpo no solo marca una nueva etapa para el sistema bancario chileno. También instala una discusión estratégica en el ecosistema financiero ampliado: si ya existe un neobanco regulado bajo las mismas reglas que cualquier banco tradicional, ¿está Chile preparado para ver nacer su primera neoaseguradora con licencia plena? El precedente ya está sobre la mesa. Si un actor digital logró transformarse en banco bajo las reglas tradicionales, el desafío para el ecosistema insurtech es decidir si quiere asumir ese mismo estándar. La regulación no distingue entre lo tradicional y lo digital. El mercado, en cambio, sí está cambiando. La próxima señal podría venir desde el mundo asegurador.