Longevidad en Chile: nuevos productos y modelos ya disponibles 

October 2, 2025

Chile vive un proceso de transformación demográfica acelerada que está cambiando la manera en que se conciben las políticas públicas, el consumo y, especialmente, el mercado asegurador. El envejecimiento poblacional hoy es una realidad con efectos tangibles en la economía y en la vida cotidiana. Según el Censo 2024, un 14% de los habitantes del país tiene 65 años o más, una cifra que se ha duplicado desde 1992, cuando apenas alcanzaba el 6,6%. La proyección hacia 2050 es aún más reveladora: un tercio de la población será adulta mayor, lo que convierte a este segmento en un actor central en la definición del futuro económico y social del país.

Este proceso, conocido como la “Revolución Silver” o economía plateada, plantea desafíos significativos, pero también abre una ventana de oportunidades inéditas para la industria aseguradora. El cambio en la pirámide demográfica no solo refleja un aumento en el número de personas mayores, sino también en su longevidad, ya que la esperanza de vida en Chile se proyecta por sobre los 85 años en las próximas décadas. Esta combinación de más personas viviendo más tiempo configura un escenario donde la demanda de seguros adaptados a las necesidades de este grupo etario será cada vez más urgente.

El envejecimiento no ocurre de manera aislada, sino en un contexto donde la estructura de los hogares también está cambiando. El promedio de personas por hogar ha disminuido a 2,8 en 2024 y el porcentaje de hogares unipersonales ya alcanza el 21,8%. Este último dato es particularmente relevante, ya que refleja un aumento en el número de adultos mayores que viven solos y que, por lo tanto, requieren de servicios de apoyo, acompañamiento y soluciones aseguradoras que contribuyan a mantener su autonomía y calidad de vida. En ese sentido, la soledad y la seguridad en el hogar se suman como preocupaciones adicionales a la salud y a la estabilidad financiera.

Si bien existe un contraste importante con Europa, donde una parte importante del segmento sénior posee un poder adquisitivo consolidado, en Chile la situación es más heterogénea. Una parte de los adultos mayores pertenece a los estratos medios y altos, y mantiene un consumo activo en áreas como telefonía celular, computadores, turismo y recreación, mientras que otro segmento depende fuertemente de pensiones de menor monto, destinando la mayor parte de sus ingresos a gastos básicos como alimentación, transporte y medicamentos. Esta dualidad obliga a la industria aseguradora a diseñar soluciones diferenciadas que puedan atender tanto las necesidades de protección de quienes tienen un mayor poder adquisitivo, como de quienes requieren productos más accesibles y focalizados.

El gasto en salud se posiciona como la principal preocupación del adulto mayor chileno. El sistema público concentra la mayor parte de la atención de este grupo etario: entre el 85% y 90% de las personas mayores de 60 años están afiliadas a FONASA, mientras que la penetración de las ISAPRE en este segmento es baja. 

Por ello, el rol de los seguros complementarios y los productos catastróficos aparece como una respuesta relevante y en crecimiento para cubrir brechas en hospitalización, cirugías y enfermedades de alto costo como el cáncer.

La industria ha reaccionado con ofertas concretas que buscan generar confianza y estabilidad en este grupo de clientes. Algunas aseguradoras en Chile han comenzado a adaptar sus ofertas eliminando barreras de permanencia, garantizando que una vez contratado el seguro, la persona no será expulsada por motivos de edad. Esta práctica se alinea con tendencias internacionales y se evidencia en productos que ofrecen cobertura hasta edades muy avanzadas; por ejemplo, existen seguros complementarios en el mercado que permiten la permanencia de la persona hasta los 99 años (como en el caso de Vida Cámara) o incluso hasta los 110 años (como el Seguro Nuevo Vive Mejor de CLC), demostrando un compromiso de largo plazo con la longevidad.

Esta evolución se complementa con el diseño de planes médicos especializados. Compañías como Seguros Bupa y la Clínica Alemana (CLC), han desarrollado planes con coberturas específicas para la tercera edad, enfocados en la atención ambulatoria, catastrófica y los tratamientos de alto costo. Adicionalmente, el mercado ha avanzado en la integración de la asistencia domiciliaria, con pólizas de accidentes y complementarias que cubren servicios clave como enfermería, traslados médicos y rehabilitación en casa, esenciales para mantener la autonomía y la calidad de vida de los adultos mayores tras un evento de salud.

Desafíos financieros y tecnológicos

El sistema previsional chileno muchas veces no resulta suficiente para mantener los niveles de consumo de amplios sectores de la población. Frente a ello, los seguros de vida con ahorro y las rentas vitalicias continúan posicionándose como instrumentos para complementar la pensión. 

En este campo, un producto con alto potencial y que podría transformar la planificación financiera de la vejez es la hipoteca inversa. Este instrumento está diseñado para adultos mayores propietarios de vivienda que buscan convertir el valor de su patrimonio inmobiliario en liquidez sin tener que vender su casa ni perder la posesión de ella. A diferencia de un crédito hipotecario tradicional, en la hipoteca inversa el propietario recibe dinero del banco (en un pago único o en rentas mensuales) y la deuda se liquida generalmente con la venta del inmueble o por parte de los herederos tras el fallecimiento del titular. Su potencial en Chile es considerable, dado que un porcentaje importante de los adultos mayores son propietarios de vivienda.

Esta figura financiera se encuentra consolidada en mercados maduros como Estados Unidos (donde se conoce como Reverse Mortgage), Reino Unido (Equity Release), Canadá y en varios países de la Unión Europea, como España, sirviendo como una herramienta efectiva para complementar las pensiones y mejorar la calidad de vida de sus mayores. Sin embargo, su desarrollo comercial aún no es posible en Chile. Esto se debe a que su implementación se enfrenta a dos barreras principales. Por un lado, no existe un marco legal específico que establezca las condiciones, las protecciones al consumidor ni las normas claras para la valorización de las propiedades y el cálculo de la deuda, lo que desincentiva a las entidades financieras a ofrecer un producto de la complejidad inherente. 

Por otra parte, un factor cultural importante en Chile es la arraigada mentalidad de dejar el patrimonio, especialmente la vivienda, como herencia a las futuras generaciones; la idea de “hipotecar” la casa, aunque sea sin perder la posesión, genera desconocimiento y desconfianza en potenciales clientes. De avanzar en el plano regulatorio, la hipoteca inversa podría transformarse en una alternativa concreta para financiar la vejez con el respaldo del patrimonio acumulado en bienes raíces.

El desafío principal para el mercado asegurador chileno radica en la capacidad de ofrecer productos que no sólo respondan a las necesidades de salud y asistencia, sino que también se adapten a las condiciones económicas de un segmento que es diverso en ingresos y en expectativas de vida. La combinación de soluciones de salud complementarias accesibles, seguros catastróficos con mayor cobertura y productos de asistencia domiciliaria representan oportunidades concretas de crecimiento. Además, la integración de tecnologías de apoyo, como sistemas de teleasistencia, aplicaciones de monitoreo o recordatorios digitales, podría abrir un campo de innovación que conecte la oferta aseguradora con el ecosistema de la llamada “AgeTech”, la tecnología diseñada específicamente para mejorar la calidad de vida, la autonomía y la salud de las personas mayores.

La proyección hacia 2050, cuando el 32% de la población chilena será adulta mayor, deja en evidencia que no se trata de un fenómeno pasajero, sino de una transformación estructural que definirá las próximas décadas. En ese contexto, la industria aseguradora se encuentra en un punto de inflexión. Las compañías que logren diseñar productos adaptados, establecer estrategias de comunicación claras y empáticas, y superar las barreras de edad y accesibilidad, tendrán acceso a un mercado en expansión con clientes que, en su mayoría, valoran la seguridad, la estabilidad y la confianza.

La “Revolución Silver” en Chile es una realidad que ya está en marcha. El desafío para el sector asegurador es doble: atender las vulnerabilidades de un grupo importante de adultos mayores que dependen de ingresos limitados y, al mismo tiempo, capitalizar el potencial de consumo de aquellos que buscan mantener una vida activa, autónoma y con acceso a servicios de calidad. En esa intersección se encuentra la oportunidad de construir un mercado asegurador más inclusivo, innovador y preparado para acompañar a la población en el proceso de envejecimiento.

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