El envejecimiento de la población está cambiando las necesidades de protección y abriendo preguntas sobre el diseño de productos, la experiencia de cliente y el uso de tecnología. La próxima entrada en vigencia de la Ley 21.822 suma un nuevo marco de derechos para las personas mayores, mientras experiencias internacionales muestran cómo las insurtechs están explorando modelos que combinan seguros, prevención y servicios de apoyo.
Chile está envejeciendo y el mercado asegurador comienza a enfrentar una pregunta que irá ganando relevancia: ¿cómo proteger a una población que no solo será cada vez más longeva, sino que demandará soluciones diferentes durante esa etapa de su vida? Los datos del Censo 2024 muestran que las personas de 65 años o más ya representan el 14% de la población, frente al 6,6% registrado en 1992. Al mismo tiempo, la proporción de personas de 14 años o menos cayó desde 29,4% a 17,7% durante el mismo período. En 2024, el índice de envejecimiento alcanzó las 79 personas de 65 años o más por cada 100 personas de 14 años o menos.
La transformación demográfica coincide con un cambio regulatorio. El 1 de junio de 2026 fue publicada la Ley N° 21.822, Ley Integral de las Personas Mayores y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable, que entrará en vigencia el 1 de junio de 2027. La norma considera persona mayor a todo aquel de 60 años o más y establece un marco integral de derechos basado, entre otros principios, en la igualdad y la no discriminación arbitraria por razones de edad. También incorpora disposiciones relativas al trato digno y a la atención preferente en canales públicos y privados mediante un lenguaje claro.
Para la industria aseguradora, el alcance de esta legislación no está en la creación de nuevas coberturas ni en el reemplazo de los criterios técnicos utilizados para evaluar riesgos. El punto está también en cómo se relacionan las empresas con este segmento. La ley establece que el sector privado deberá propender a disponer de canales de atención preferente y oportunos, tanto en establecimientos como en plataformas digitales, y velar por un lenguaje simple y adecuado. En el caso de proveedores sujetos a la Ley de Protección de los Derechos de los Consumidores, las infracciones a estas disposiciones pueden constituir una vulneración específica del derecho a la no discriminación arbitraria.
Esto adquiere especial importancia en un mercado donde el acceso a determinadas coberturas cambia con la edad. La Asociación de Aseguradores de Chile señala que no existe un límite único para contratar un seguro de vida, ya que las edades máximas de incorporación y permanencia dependen del producto. La oferta disponible también muestra que existen alternativas capaces de acompañar a los asegurados durante edades avanzadas. Por ejemplo, el Seguro RedSalud Complementario de Salud Full 70%, intermediado por QuePlan y emitido por Vida Cámara, establece una edad máxima de ingreso de 69 años y 364 días y una edad máxima de permanencia de 99 años y 364 días. Otros productos de la misma oferta contemplan igualmente permanencia hasta los 99 años.
Estos ejemplos muestran que la protección aseguradora puede extenderse durante buena parte de la vejez, pero también permiten distinguir entre prolongar la vigencia de una cobertura y desarrollar soluciones diseñadas específicamente para las necesidades que surgen con el envejecimiento. La longevidad introduce desafíos que atraviesan distintas etapas: protección de salud, dependencia, continuidad de ingresos, apoyo a las familias y permanencia en el hogar. En ese contexto, la conversación comienza a desplazarse desde una lógica centrada exclusivamente en el riesgo hacia modelos que incorporan prevención y servicios asociados.
Una señal concreta de hacia dónde está mirando el sector está en las propuestas que la Asociación de Aseguradores de Chile ha llevado a la discusión de política pública. En abril de 2026, la AACH presentó 20 medidas agrupadas en cuatro ejes, entre ellas la creación de un seguro de dependencia para adultos mayores, incluida dentro del bloque destinado a fortalecer la resiliencia de los trabajadores cotizantes. La iniciativa forma parte de una discusión previsional que el gremio ya venía impulsando y apunta a abordar el financiamiento asociado a situaciones de dependencia y necesidades de cuidado.
Las insurtechs por su lado están explorando este escenario desde distintos ángulos. En México, Koltin desarrolló una membresía de salud dirigida a personas de entre 50 y 84 años, que incorpora un seguro de gastos médicos mayores emitido y operado por BBVA Seguros Salud, junto con seguimiento preventivo, un estudio de longevidad y actividades orientadas al bienestar y la comunidad. La propuesta contempla contratación hasta los 84 años y 11 meses y renovación vitalicia bajo las condiciones informadas por la compañía.
El interés de este modelo está en que la tecnología y los servicios no sustituyen la cobertura aseguradora, sino que pueden ampliar la forma en que ésta se entrega. Para las personas mayores, una experiencia digital efectiva no pasa únicamente por disponer de una plataforma en línea: también implica facilitar la comprensión de las coberturas, simplificar los pasos para utilizarlas y ofrecer la posibilidad de acceder a orientación humana cuando sea necesaria, en lugar de trasladar toda la interacción a sistemas automatizados. Las herramientas digitales pueden utilizarse para explicar beneficios en lenguaje claro, ordenar la información relevante y acompañar procesos como la cotización, contratación o utilización de una cobertura, mientras que la atención de personas puede complementar aquellos momentos en que una interacción automatizada no resulta suficiente.
En Estados Unidos, The Helper Bees aborda el envejecimiento desde la infraestructura que sostiene los cuidados de largo plazo. La compañía trabaja junto a aseguradoras y programas de salud para conectar a las personas que requieren asistencia con proveedores y servicios de apoyo en el hogar. Su plataforma permite gestionar beneficios, coordinar cuidados, evaluar la elegibilidad para determinadas coberturas de cuidados de largo plazo y administrar procesos como la facturación. También cuenta con una red de más de 25.000 proveedores acreditados. Entre sus herramientas incorpora gestores de cuidado que combinan tecnología con orientación humana. Este equipo ayuda a los usuarios y sus familias a comprender el alcance de sus beneficios, evaluar alternativas y coordinar servicios prácticos, como cuidado personal, comidas a domicilio o transporte, según las necesidades específicas de cada hogar.
Estos casos muestran dos caminos posibles para la industria. Por un lado, aparecen compañías que construyen propuestas específicamente pensadas para una población mayor; por otro, tecnologías que pueden integrarse con aseguradoras tradicionales para mejorar la gestión de prestaciones y acompañar al asegurado más allá de la indemnización. En ambos casos, el foco se amplía desde la cobertura del evento hacia la prevención, la coordinación de servicios y la gestión del riesgo durante períodos más extensos.
Para Chile, la discusión llega en un momento especialmente significativo. La Ley 21.822 no obliga por sí misma a las aseguradoras a crear productos específicos para personas mayores, pero sí establece un estándar más exigente respecto de la igualdad, el trato y la atención. Paralelamente, el envejecimiento demográfico está haciendo que las necesidades de este segmento dejen de ser una cuestión de nicho y pasen a formar parte de las decisiones estratégicas del mercado. El desafío no será únicamente ampliar la oferta, sino también conseguir que las personas puedan comprenderla y utilizarla de manera efectiva.
Los próximos meses ofrecen una oportunidad para que aseguradoras e insurtech analicen dónde persisten las principales barreras de acceso y comprensión. Digitalizar trámites no necesariamente significa hacerlos más accesibles: una plataforma puede ser tecnológicamente avanzada y, al mismo tiempo, resultar difícil de navegar para una persona con menor experiencia digital. El desafío está en desarrollar interfaces intuitivas, información comprensible y recorridos simples, pero también en mantener alternativas de atención humana para quienes necesiten resolver dudas o recibir orientación durante la cotización, contratación o uso de una cobertura. En este sentido, la tecnología puede complementar, y no necesariamente sustituir, la relación personal que sigue siendo relevante para muchos clientes mayores.
El cambio de fondo es demográfico y, por eso, excede el calendario regulatorio. Cuando las personas viven más años, también se extiende el período durante el cual pueden necesitar protección financiera, sanitaria o asistencial. Para el seguro, esto implica ampliar la mirada sobre lo que significa asegurar: no solo responder cuando ocurre un evento, sino encontrar nuevas formas de gestionar riesgos y acompañar a las personas durante una vida cada vez más larga.
Fuentes:
https://portal.aach.cl/
https://queplan.cl/
https://www.quien.com/